jueves, 16 de octubre de 2014

Test de enfermería

Ébola, el Incorruptible

¿Tan necios sois como para pensar que estabais protegidos en vuestra esfera –de ignorancia– occidental? ¿Acaso vivís aislados del mundanal ruido como en una aldea africana sin Wi-Fi? ¿Quién os ha hecho creer que los avances tecnológicos iban a manteneros a salvo? ¿Qué cojones os pasa?

Soy un ente minimalista y vengo de un lugar donde la vida es un bien efímero, muy efímero, apenas sin importancia. Mi apariencia es la de una cuerda –de peonza, caída de las manos de un niño–, pisoteada en el patio del colegio. Y soy capaz de cargarme a todos los infantes que me acaricien. Si lo expongo en estos términos es para que lo entiendan vuestras mentes adocenadas:

“Soy un puto virus y voy a por vosotros, estúpidos"
(por que así me lo habéis suplicado con vuestro desprecio hacia las vidas en África)

¿Creíais que en un mundo global sólo iba a quedarme por regiones subsaharianas? En las tierras de donde procedo (de las que sólo os interesa el subsuelo) la malaria es la Puta Reina –su mortalidad es 200 veces mayor que la mía–, imposible competir con ella. Así que, me he planteado aquello de “movilidad exterior”, y a ver qué sale. ¿Cuál es la puerta de entrada a Europa más laxa? Ah, sí, las Columnas de Hércules. Pero cruzar el desierto y luego el mar, ahora, no me viene nada bien. Creo que optaré por los intersticios orgánicos de alguien. Sí, ¿qué pasa? Si vengo de África, tendré que colarme de algún modo, ¿no?

Para qué mierda os cuento todo esto si no podéis comprenderme, si resulta imposible que con vuestras ajetreadas existencias seáis capaces de procesar mi proceder. Errare humanum est. Mi sencillez, infalible, os desarma. La corrupción, con la que juegan quienes rigen vuestros designios, no surte efecto conmigo.

Sí, fui polizón en un misionero, y me ofrecisteis un puente de plata. Qué fácil, tras la recepción esperar a que llegase un incidente –no fue una negligencia, imbéciles–, a partir del cual extenderme. ¿Si no me conocéis, de veras, cómo creíais poder hacerme frente?


viernes, 3 de octubre de 2014

Glenn & Edith




El catorce de agosto de 1945, sobre el asfalto de Times Square, un gesto quedó congelado para la posteridad. Glenn salió del metro en el cruce de Broadway con la Séptima y vio pasar a Edith -que venía del Doctor's Hospital-, pocos segundos después, la explosión de júbilo estalló entre ambos. Él la sostuvo en brazos y ella le concedió sus labios. Un marinero y una enfermera celebrando así la rendición japonesa. Dos desconocidos que, en medio de la euforia colectiva, se entregan a un beso ante la Leica IIIa de Alfred Eisenstaedt. Su publicación en la revista "Life", un mes más tarde, dio la vuelta al mundo convirtiendo "The Kiss" en una imagen icónica del fin del conflicto.